Estamos rodeados de fundamentalismos. Y no me refiero al religioso. Que también. Aunque por suerte o por desgracia es el menos extendido en nuestra sociedad. Me refiero a los fundamentalismos de las ideas, de las creencias. La tercera definición que da el diccionario de la Real Academia de la lengua sobre fundamentalismo es: “exigencia intransigente de sometimiento a una doctrina o práctica establecida”. ¿A que tipo de doctrina o práctica? Ahí esta la clave del asunto: a cualquiera. Yo lo definiría como el fanatismo que surge en muchas personas ante un sistema de creencias. Este puede ser la adscripción a unas ideas políticas, sociales e incluso profesionales. Porque incluso en el ámbito profesional es frecuente ver personas que se encierran en su sistema de creencias y rechazan lo que no viene de su grupo. Esto pasa hasta entre los psicólogos. Es frecuente ver terapeutas que no admiten las aportaciones que vienen de otras escuelas de psicoterapia, rechazándolas solamente porque no encajan dentro de su propio sistema de creencias.
Es cierto que como alguien sabio dijo (¿sería Thomas Kuhn?), “no existe ciencia sin creencia”. Pero encerrarse en una creencia limita el avance de la ciencia. Es determinante una actitud abierta para el avance científico. En mi opinión, y como psicoterapeuta, encerrarse en un método terapéutico, por muy bueno que sea, es un error. Es por esto que considero mi enfoque integrador.
Este asunto de los fundamentalismos tiene que ver con la cuestión de los estereotipos. Os transcribo la definición de Wikipedia: “en su uso moderno, un estereotipo es una imagen mental muy simplificada y con pocos detalles acerca de un grupo de gente que comparte ciertas cualidades características (o estereotípicas) y habilidades. El término se usa a menudo en un sentido negativo, considerándose que los estereotipos son creencias ilógicas que sólo se pueden cambiar mediante la educación”.
Los estereotipos son mecanismos útiles que usamos cuando necesitamos evaluar una situación rápidamente. Pero son muy limitantes si nos cierran puertas a nuevas opciones.
Después de todo esto que he dicho, llego a la conclusión de que es una cuestión de conciencia. Cuando nos cerramos en una opinión, no actuamos con consciencia, y esto trae grandes inconvenientes. Esta es otra evidencia de lo necesario que es aprender a vivir con atención plena (“mindfulness” en inglés). En eso estamos.